6 sep. 2005

El fantasma rojo ataca de nuevo.

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Al ver esta imagen recordé aquellos posters de la segunda guerra mundial y los siguientes, los de la guerra fría y los utilizados por las dictaduras de los 80's para publicitarse.
Hace rato que venía con ganas de escribir un post sobre este tema (aunque no era éste post precisamente). La respuestas del amigo
Bogato a los posts anteriores me dió pie para, al menos, empezar a tratar el tema.

Soy un convencido de que el comunismo y el fachismo son dos caras de una misma moneda, lo único que cambia es la denominación del tirano y -por supuesto- su religión; aunque ninguno de los dos encuentre problema alguno para justificar sus matanzas o sus actos de injusticia.
Es por eso que me llama la atención poderosamente cuando encuentro críticas al comunismo que, en definitiva, no son tales. Me refiero a que al hablar de comunismo, o al intentar una crítica de éste, pareciera que sólo hace falta un cúmulo de improperios y calificativos. Los que jamás son usados (¡Ni siquiera permitidos por aquellos que los usan contra los comunistas!) contra la derecha.
Ser comunista no es un delito ni una falta a estatuto ni ley alguna, lo mismo que ser fachista; personalmente creo que es privativo de la estupidez de cada persona ser una cosa o la otra; pero en ningún caso puedo (a pesar de lo distante que estoy de ambas ideologías), estigmatizar a ninguna de ellas con el fin de que prevalezca mi ideología personal.
En un punto que ambos extremos se parecen muchísimo es, precisamente, en la publicidad. Ambos la utilizan como medio para alcanzar sus fines, por supuesto, pero de manera diferente: el comunismo, al dominar todo medio de reproducción, lo hace de manera directa; el fachismo, al encontrarse en un medio democrático, debe hacerlo de manera más sutil; es así como en las modernas democracias el primer objetivo de la publicidad es el de convencernos de que lo que dice la publicidad -precisamente- es siempre cierto.
Una vez instalada esa idea, el ser humano deja de ser un ser independiente (he ahí el símil que encuentro con el comunismo) para convertirse en una herramienta de uso privado estatal. Es más: se convierte en una herramienta más efectiva aún; ya que es una herramienta que está convencida de que es libre y que siempre lo será. Es así como propagandas tan obvias, tendenciosas y mediocres como la que adorna este post son posibles, creídas y propagadas

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