12 ene. 2005

Liberty Limited Inc.



Acabo de borrar el post que estaba por publicar y reescribo todo desde cero. La extensión se había hecho demasiado extensa y además, después de visitar los blogs de Daniel K, Eduardo y Ermitaño las correciones que quería hacer iban a extender (y confundir) aún más el texto, así que arranco otra vez.
Aprovechando la oportunidad de equivocarme otra vez, esta vez voy a empezar por exponer la pregunta básica de esta discusión en forma sencilla: ¿Hasta qué punto el lector tiene libertad para interpretar un texto (u otra obra de arte)?
Según algunos mucha (o toda), según quien escribe, limitada.

Según Alfonso Lopez Quintás:
"Interpretar una obra no se reduce a verla desde fuera y hacerse cargo de
lo que en ella acontece. Significa entrar en juego con ella, rehaciendo personalmente sus
experiencias clave. En la base de toda obra de calidad se hallan una o varias experiencias
que impulsan la acción y le dan sentido. Al vivirlas por propia cuenta el lector, se iluminan
en su interior las intuiciones fundamentales que impulsaron la génesis de la obra. A esta luz
puede muy bien realizar una lectura genética de la misma, leerla como si la volviera a gestar,
y comprender así todos sus pormenores, hasta el vocablo más aparentemente anodino.
Esta lectura genética nos permite realizar las tres tareas básicas del buen intérprete:

1) Hacerse cargo de lo que dice el autor, 2) descubrir por qué lo dice, 3) advertir qué es lo
que no dice y debiera haberlo dicho si fuera coherente con su punto de partida"

El párrafo anterior es una exposición algo más extensa que el comentario de Daniel K sobre aquel post: "Creo que la interpretación de un cuento es la suma de dos partes: lo que el autor quiere decir y lo que el lector quiere interpretar, que a su vez tiene que ver con su experiencia única de vida. Por eso una historia podria tener tantas interpretaciones como lectores."
En lo que diferencio ambos comentarios es en el final, mientras Daniel dice que una historia puede tener tantas interpretaciones como lectores, Quintás dice: "Hacerse cargo de lo que dice el autor". Y es allí donde quiero apuntar.
Observen las diferencias de interpretación de estos dos comentarios sobre El Aleph, de Borges; el primero de ellos escrito por Guillermo Martinez, el segundo escrito por Germán Echeverría. ¿Pueden ambas interpretaciones ser correctas o válidas? Me apresuro a contestar: No pueden ser ambas correctas, ya que cada una excluye a la otra y, como buenos hijos de Aristóteles que somos, no podemos considerar a una cosa como autoexcluyente; y tampoco pueden ser ambas válidas ya que -si bien hay dificultad en determinar las intenciones del autor- no hay ambigüedad alguna en el mensaje, lo cual es fundamental para la libertad interpretativa.

Y ya lo hice demasido largo. Queda otra parte, veremos si tienen ganas de seguirla...

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