14 jun. 2005

Juventud, divino tesoro.

Seguramente ustedes, al igual que yo y que la mayoría de los mortales que tenemos una casilla de correo electrónico, habrán recibido alguna vez uno de esos mensajes en los que se nos relata una desgraciada historia sufrida por una familia de algún ignoto rincón del universo y que si reenviamos el mensaje alguna gran empresa (Microsoft, AOL, etc.) les pagará algunos centavillos, por lo tanto si uno borra el mensaje se transforma en una especie de Atila cibernético.
Pero tembién a veces he recibido mensajes pidiendo ayuda, mensajes que sí he podido comprobar que pertenecen a grupos que se dedican a ayudar o, al menos, que intentan movilizar a las sociedades.
Uno de ellos es Por los chicos, sitio que con un par de segundos que se le puedan dedicar por día ayuda a paliar -siquiera momentáneamente- el problema de algunos chicos argentinos.
Pasen por allí, es muy poco tiempo el que se necesita y para que no dejen de hacerlo el enlace permanente quedará por aquí cerquita, en algún lugar a la derecha de la página.

Y para que no dejen de olvidar en qué planeta estamos los dejo con éste encanto (sí, ya sé que la cosa viene por parte de los padres, pero supongo que en este caso tenemos una gran posibilidad de que la historia se repita).

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