7 feb. 2005

EL VUELO DE ÍCARO




EL LABERINTO
Soy humano puesto que soy su fruto
signo y símbolo del hombre, que vierte en mí
palabras en los extremos de una línea curva:
la búsqueda incesante, los temores ocultos,
la locura, el olvido, el tiempo indivisible.

DÉDALO
Mis manos han elevado estos muros
y ahora, en este instante preciso,
me pertenecen y les pertenezco.
No maldigo a mi obra
ni a sus motivaciones.
Cumple su función mas allá de sus propósitos.

ÍCARO
Transformando su orgullo en material y herramienta
el hombre construye,
construye y alarga las sombras,
las que, como un velo, cubrirán sus ojos.
Y solo por haber levantado un muro más alto
por haber sido preciso en su ejecución,
solo por ser dueño de unas manos ágiles
de un afán tenaz, soberbio e industrioso,
el hombre bendice a su propia prisión.

EL LABERINTO
Cada uno ve en mí cierto espejo interior,
vueltas y vueltas sobre sí mismo
cúmulo de paredes grises -en su bóveda de hueso-
plagada de colores suspendidos, señales de alarma,
registros de nombres y objetos imposibles.

DÉDALO
Estos muros son mi cuerpo,
en ellos sobreviviré al tiempo y a sus consecuencias,
desde ellos estaré observando las infinitas auroras
y su alabanza dorada caerá por siempre sobre mí.

ÍCARO
Vanas son tus precauciones
y la solidez de tu esperanza
yo me resigno a las auroras que mis días me permiten.
En este monstruo que has engendrado no hay extensión
que pueda vivir un día más que tú.


EL LABERINTO
El hombre se interna en mí como un huesped
que desconoce su propio hogar.
Ni el paso de los siglos ha variado su búsqueda
ni el paso de la eternidad lo hará.
Se interna en mí y solo vé imágenes marchitas
que justifican ciertas actitudes actuales,
solo hay líneas que insinúan algun miedo primitivo,
solo hay sombras cambiantes, pasos sucesivos
desde una desviación de la mirada del objeto deseado
hasta un reflejo condicionado y, al final,
como un candado simbólico que aprisiona su sexo.

DÉDALO
Como la substancia de un rio,
que solo cobra sentido al dirigirse al mar,
así es la vida del hombre.
solo cobra sentido cuando posee un destino.
Su fin es lo que dignifica a su principio
y cada nuevo paso debe dejar una huella mas profunda.

ÍCARO
¿Ves mi mano?
El agua en ella esta inmóvil.
Puedo beberla o refrescar mis ojos
y ella lo hará sin esperar nada a cambio.
¿El tiempo fluye?
Pues nada necesita el hombre,
solo este cuenco y sus límites.
Esta agua no sabe del mar.

DÉDALO
No. El hombre es un eje.
Los elementos lo rodean y lo benefician,
se someten y obedecen.
La tierra y el fuego se someten,
el agua y el aire obedecen.
Mueve tus brazos y reconoce tus dominios.

EL LABERINTO
El hombre teme y huye,
el espejo interior estalla y cada trozo vuela
reflejando limitados fragmentos de realidad.
Como la conciencia en la noche, huye,
sin saber que la frontera es un camino circular
que lo alza y lo deposita, como una cita inevitable,
en el centro exacto de su frente:
Laberinto en el que moran Minotauros neurológicos.


ÍCARO
Me elevo sobre la resistencia de los muros
y el entorno me socava,
modifica mi forma y mi contenido.
Esta visión conmociona:
somos aves migratorias en busca
de una corriente propicia,
seguimos huellas invisible en el aire espeso.

DÉDALO
Desde aquí puede verse la bahía
y el laberinto como un caracol dormido en ella.
Veo las infinitas líneas que pasan por mí
y me unen con cada objeto y forma y color que me rodea.

ÍCARO
Caigo.
El dominio de mis alas no puede ser eterno,
ni hay ley que pueda pretender ser tal.

DÉDALO
Domina al aire y al sol.
Tu voluntad debe ser esa ley.
No hay eternidad que no deba ser buscada.

ÍCARO
Cuando la muerte golpea en las cercanías
el dolor se hace espuma a nuestro lado
y se torna sol, nube, marea y
océano en nuestra proa de humilde singladura.

EL LABERINTO
Vacío mi valor es nulo.
Como un hombre sin el anhelo del presente.
Aqui yazgo, no como un caracol dormido,
sino como una caparazón vacía, caracol fundido
en las arenas de la nada.

DEDALO
Hijo, hijo,
¿Por que me has abandonado?

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