25 nov. 2007

Cómo hacer para ahorrar cien pesos.

Estoy en el trabajo, son las dos y media de la tarde y estoy sin comer desde las siete de la tarde del día anterior. Tengo unos deseos incontenibles de comer un sandwich de queso. Sí, algo tan simple como eso: dos rodajas de pan y un poco de queso en el medio. Y algo para tomar no estaría mal. Me hago una escapada hasta un almacén que hay a una cuadra (no hay otra cosa abierta) e intento comprar esas cosas que acabo de describir; y digo intento porque me fue imposible hacerlo. El tipo del almacén no tenía cambio y volvió a la vereda, a la silla donde estaba sentado y de donde un molesto como yo lo hizo levantar.
Tres horas después de lo anterior. Cinco y media. tengo que bajar un mueble de un séptimo piso y para ello me ayudan dos chicos, Damián, de 21 años y Hernán, de 16. Ambos vienen con sus respectivas novias. Bajamos el mueble por la escalera y lo guardamos. Hace calor y los invito a tomar un helado. Voy a pagar los cuatro helados (yo no había pedido, aún deseaba mi sandwich) pero... "¡Hay me mataste!" Soltó la cajera e hizo como que buscaba cambio en un cajón. Por supuesto, los helados quedaron para otra ocasión.

Y la pregunta es obvia: ¿Nadie les enseñó a los comerciantes argentinos o, al menos, a los marplatenses, que el objetivo de un negocio es VENDER? ¿Por qué hacen todo lo posible para evitarlo?
Hace un tiempo ya hablé de esto (el tercer párrafo del enlace).

Lo único bueno de todo esto es que el billete de cien pesos me va a durar, por lo menos, hasta el próximo otoño.

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